“Slut-shaming” y “revenge porn”: el pudor y la sexualidad en la era tecnológica


Durante siglos, la única carta que tenía una mujer para jugar en un mundo en el que no tenía posibilidades políticas o económicas era su virginidad. El único activo que le permitía a una mujer algún tipo de movilidad social o permanencia en una jerarquía social favorable. Hoy en día, no es extraño escuchar de los “crímenes de honor” o de mujeres apedreadas en Medio Oriente bajo la sospecha de haber seducido a un hombre, aun si la mujer no lo hubiera hecho voluntariamente, aun si hubiera sido víctima de una violación. Éstas son cosas que miramos en los noticieros con esa mezcla de lástima y alivio occidental. Nos alegramos de vivir en el siglo XXI, de que nuestros padres ya no deben pagar dotes a sus yernos, de que no es necesario llegar vírgenes al matrimonio, de que vivimos en un mundo moderno. Pero, ¿es realmente así?

Entre las variadas formas de violencia de género que sufren todos los seres humanos independientemente de su identidad sexual, las mujeres seguimos sujetas a la valoración de nuestra moralidad en base a nuestra conducta sexual. Y el hecho de vivir en un mundo moderno, en pleno siglo XXI, no significa que estamos más allá de la condena social: significa que ésta se realiza a través de métodos, justamente, más “modernos”.

Tomemos por ejemplo lo que se ha dado en llamar “slut-shaming” (o “tildar de puta”). El "slut-shaming" es un mecanismo según el cual se descalifica a una mujer atacando su comportamiento sexual al equipararlo con el de una prostituta. Es lo que sucede cuando se filtran fotos o videos íntimos de una mujer y se la acusa de inmoral, de impropia, de promiscua; y con esto se justifica cualquier tipo de medida correctiva como despedirla de su trabajo, exponerla en medios de comunicación, depreciar su idoneidad en un cargo o su conocimiento en un área específica, etc. Una mujer que muestra cualquier rasgo de sexualidad activa es catalogada en el imaginario popular como una madre poco decente, como una persona de pocos valores. Es un detalle que llama la atención el hecho de que quienes más critican a este tipo de mujeres son otras mujeres: una mujer dispuesta a una sexualidad diferente de la nuestra puede representar un peligro para nuestra propia sexualidad. Puede ser más deseable. Puede “robarnos” a nuestros hombres. Puede representar una competencia “desleal”. Esa mujer juega según otras reglas. Podríamos argumentar también que para el general de los hombres una mujer segura de su sexualidad es también una mujer “peligrosa”: es una mujer que “quiere” cosas, que “pide” cosas. Si yo como hombre no le doy lo que pide, si no la satisfago, esa mujer puede buscarlo en otro lado.

Un detalle a reflexionar es: ¿por qué, en todo caso, es algo “malo” ser una prostituta? ¿No es de conocimiento popular que la prostitución es el oficio más antiguo? ¿Existiría la prostitución si no fuera por el deseo masculino? Me atrevo a decir, incluso, que la prostitución es necesaria. Si existe la prostituta para satisfacer el deseo masculino, si existe la mujer caída, las demás mujeres pueden seguir manteniendo su virginidad, su pase de movilidad social. Quizás esa es la explicación de por qué generalmente somos las mujeres las más propensas a acusar a otra de “baja moral”. Necesito mostrarme más deseable en términos sociales, más honesta, más fiel, con mejores valores.

Aparte del “slut-shaming”, existe otro mecanismo de extorsión de la mujer, de dominación a través de la potencial condena social: el “revenge porn” (“porno vengativo”). Consiste básicamente en hacer públicos video o fotografías íntimos que hubieran sido anteriormente intercambiados con una pareja sexual, y generalmente sucede luego de una separación o rompimiento de relación. El perpetrador, la persona en posesión de este material íntimo, puede amenazar con volverlo público para coaccionar a la víctima para continuar la relación o para castigarla por haberla finalizado, o puede bien compartir el material sin el consentimiento de la víctima. En este tipo de pornografía no interesa tanto el material en sí o cómo pudiera impactar en el desarrollo de la fantasía y el deseo, lo que importa es exponer a la víctima. Se hace público lo íntimo con el objetivo de dominarla a través de la presión social, ejecutada en forma de “slut-shaming”. Y el "arma" de todo esto es que una mujer se tiene que avergonzar de su cuerpo y su sexualidad. Su cuerpo y su sexualidad están "mal".

¿Por qué hablar de esto? ¿Cuáles son los riesgos concretos de estas prácticas? Son numerosos los casos de adolescentes que deciden quitarse la vida debido al acoso sufrido, de mujeres que deben mudarse, reubicarse, perder un trabajo, intentar buscar uno nuevo. No voy a enumerar casos, basta hacer una búsqueda rápida en Internet. La situación es tal que redes sociales como Facebook y Whatsapp están implementando medidas que permiten a una víctima reportar una fotografía compartida sin su consentimiento, bloquear el usuario del perpetrador, y rastrear los lugares en que fue compartido el material.[i] Según The Guardian, Facebook llegó a recibir 54.000 casos de reportes de porno vengativo en un solo mes.[ii] 

  

Más allá de las medidas que tomen los distintos organismos, empresas y gobiernos en relación a los crímenes y violencia de género y abuso sexual (porque estas dos prácticas que he desarrollado son consideradas tipos de abuso sexual), es mi opinión que la arista más filosa de este problema mundial es que la desnudez y la sexualidad femenina siguen siendo ocultadas, negadas, disimuladas, criminalizadas. En un mundo ideal, si no existiera una inclinación desmedida a lo que se mal llama “pudor” (exigible a la mujer, pero muy pocas veces demandado del hombre), la persona que quisiera hacer un daño con una foto de torso desnudo de quien alguna vez fue su compañera de relación y dentro de la cual este material hace a la sexualidad de la pareja, no tendría nada con qué tener a la víctima de rehén.

  

Debiéramos plantearnos seriamente qué atributos de las personas valoramos, qué ideas fundamentadas en preceptos arcaicos seguimos sosteniendo de manera mutada y actualizada, hasta dónde llegan las sutilezas de la violencia y qué cosas debemos cambiar. Después de todo, vivimos en un mundo moderno. En el siglo XXI.

 

   

[i] “Facebook tackles revenge porn with new tools to support victims and stop photos being shared”. Mirror. Publicado el 5 de abril de 2017, accedido por última vez el 3 de julio de 2017. http://www.mirror.co.uk/tech/facebook-tackles-revenge-porn-new-10163055

   

[ii] “Facebook flooded with 'sextortion' and revenge porn, files reveal”. The Guardian. Publicado el 22 de mayo de 2017, accedido por última vez el 3 de julio de 2017. https://www.theguardian.com/news/2017/may/22/facebook-flooded-with-sextortion-and-revenge-porn-files-reveal

   

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